Cuando los podcasts eran bares y la Cruzcampo, ayahuasca
El 29 de marzo de 2012, Sevilla fue testigo de algo que, en ese momento, nadie supo etiquetar del todo: los poscas, porcas o podcast… con público y en directo. Así nacía Noches en la Luna, un experimento que, más que un programa de radio, era un “programa de radio artesanal” donde el humor, la cultura y la improvisación se daban la mano.
Aquellos pioneros—cuatro locos nazarenos que no sabían bien dónde se metían, entre ellos, yo—llevaron sus micrófonos a lugares como el Astoria Café en Dos Hermanas o la Sala Rockefeller en la mítica calle Adriano de Sevilla. La fórmula era sencilla: un espectáculo en vivo, gratuito, con grandes personajes del momento y, muchas veces, con un público que ni siquiera sabía lo que iba a presenciar.
Por sus micros pasaron nombres que ahora suenan más que familiares: Alfonso Sánchez y Alberto López (Los Compadres), los creadores de la web-serie Malviviendo, el músico Juanito Makandé (ahora Juan Medina), la presentadora Lorena Castell, el todoterreno Álex O’Doherty e incluso un desconocido Albert Rivera, que por aquel entonces no imaginaba que podía haber sido vicepresidente del gobierno y al final acabó sobretodo su formación, como un meme político. También había artistas “residentes” como Señor Gañán o el grupo Chez Luna, dando un toque musical a esas noches de micrófonos y risas.
Lo que hoy es un formato viral en redes—gente sentada con un micro y un público enganchado—Noches en la Luna lo hacía cada jueves en los bares sevillanos hace una década.

De los bares al instituto, pasando por una caseta de feria y un banco
Durante dos años, de marzo de 2012 a noviembre de 2014, Noches en la Luna se convirtió en un pequeño fenómeno. No solo porque cada entrega era una mezcla de comedia, entrevistas y música improvisada, sino porque el show fue mutando hasta aparecer en los lugares más insospechados.
Nos llamaron para actuar en una galería de arte, un instituto, un estudio de arquitectura, un congreso podcastero, una caseta de feria… e incluso dentro de un banco. Sí, todo muy PEC (como dirían ahora). Si había un enchufe para conectar los micros, allí montábamos el espectáculo.
El formato era puro caos bien organizado: José Luis Sánchez lideraba la nave junto a otros tres amigos con secciones propias. Javi Losada se encargaba de darle un toque gamberro al show, cable de micro en mano, recorriendo cada rincón del local en busca de víctimas para ruborizar. Juanjo Serrano improvisaba canciones con cuatro o cinco palabras propuestas por el público, guitarra en mano y sin miedo al ridículo. Y yo, desde la parte técnica, hacía una sección sobre los eventos culturales de Sevilla con mi mejor voz de radio.
Todo esto se unía a dos entrevistas en cada show: una de carácter solidario o cultural y otra con un cantante local o de renombre que estuviera de paso por la ciudad.
Incluso tuvimos secciones patrocinadas y colaboraciones con humoristas como Daniel Casanova (actual dirigente de Renovatio) o Ernesto Rodríguez, demostrando que el humor y el espectáculo podían tener su espacio en cualquier formato.
Han pasado años, pero el recuerdo sigue ahí. Aquellos nostálgicos jueves, entre micros y Cruzcampo, fueron la prueba de que el podcast en directo podía existir antes de que supiéramos cómo llamarlo.
Más info en: nochesenlaluna.com
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