Cuando la desgracia llega a la familia

Con permiso buenas tardes, pues verá voy a explicarle la historia de una rosa... El descanso a tanto sufrimiento se terminó pero el vacío en la familia perdura. Nunca te lo esperas porque por edad no piensas que fuese su final, los 66. Ha muerto luchando contra la adversidad de la guerra sin trincheras, la soledad del miedo a la merced de la cobardía. Muy desprotegida.  Fue un día sin grandes noticias, el titular más destacado era que llevaba casi 2 meses el nuevo gobierno de la Junta… 24 horas más tarde, el nuevo presidente fué entrevistado por la tele y mencionaron a mi tía. Por cierto, que se la nombre, impacta. Ese fin de semana fue el más inolvidable porque fue el último para ella y el primero dentro de la grieta que ahonda una familia sin ella. Rosa.

Era pequeño y recuerdo cuando salía a nadar en los cursos de natación en el club de enfrente donde Rosa vivía con mis primas. Al término con el hambre que jadeaba, me esperaba con un bocadillo de chorizo de Cantimpalos y el zumo que tocaba al azar que siempre me gustaba. El don de las madres se dice. Repetía el ritual los tres días a la semana que iba a verla. No recuerdo ahora cuál fue mi primer recuerdo de ella pero si que su presencia siempre fue de las más cariñosa y cálida, será porque dentro, guardaba la pena en sí y necesitaba mi inocencia para dejarla por un momento a un lado. Atenta siempre. Quizás cuando crecía nuestros encuentros fueron contados. El caso es que da igual , siempre está aunque ahora sea en el corazón.

Cuando me enteré estaba enfrente del Corte Inglés de Nervión Plaza en Sevilla, una tarde de sábado ambientado y de buen tiempo. Hablaba con un amigo de la infancia, maldita coincidencia con el párrafo anterior, que infortuna manera de no volver a verla más, trasladarme a la casa de mi tía, la de mi bocadillo y ver aquello… Patrullas que cortan la calle con las luces azules intermitentes que narran la peor de las situaciones. Los llantos familiares de mis primas en una noche ya de silencio respetuoso entre la multitud en una urbanización donde nunca pasa nada. Las cámaras a lo lejos, la mirada curiosa fijada como búhos que se proyectan, como familiar, te hacen un protagonista sin quererlo con la cabeza gacha o sobresaltado. Una pesadilla en vivo, pero se esperaba lo peor... La tele, la prensa con lo sucedido y sus detalles que obligó al sobrecogedor chillido de mi madre (su hermana) como nunca lo había escuchado jamás.

Al paso del tiempo, quedan cicatrices. Los momentos depresivos a los cinco segundos de algo alegre y la relación familiar que no es como antes aunque lo intentemos o queramos.  Hay gestos y palabras que lo dicen todo y que lo que parecía antes, ahora te parecen otra cosa. Pero eso es otro capítulo más íntimo para explicarlo. Lo importante es que Rosa sigue aquí. OJALÁ esta historia terminase de una forma diferente como aquel pasodoble de Antonio Martinez Ares, que me emociona cada vez que lo oigo porque "sería lo suyo" como se dice por estos lugares del sur. Lugares que aquí florecía y florecerá nuestra Rosa, siempre.

En paz, de tu sobrino.

5

One reply to “Cuando la desgracia (violencia de género) llega a la familia”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *